Friday, March 06, 2009

Cuentos del pasado futuro



¡Acabo de leer que el café protege contra cancer de piel! Ojalá que llueva café en el campo. Nos tomamos un cafecito tipo finlandés, mi amor, lo tomamos sentados en mi cocina, y después preparamos nuestras mochilas para ir a entregarle su carta en persona al señor Mohammed. Así será, así haré, con mi chalina de Marruecos puesta. Que bellísimo es el mundo, mi amor, de verdad, de verdad.

Llegando a Finlandia no pasé frío nunca por que mi piel quemaba del sol del Perú. Aquí todo es blanco, variedades de blanco, texturas de blanco, luz que revienta en mi anillo, parece un cuento de hadas, un mundo helado, paciente, descansando en secreto. Quién sabe sí jamás volverá a descongelarse, quién sabe, quién sabe.

Ojalá que llueva, por que la lluvia derrite todo, la lluvia de abril huele a flores azules y amarillas y así vendrá la explosión de color, de amor, de primavera. Los niños cantan en las calles afuera de sus colegios, cantan: "Vintern rasat", - el invierno ha caído-, con fuerza, de golpe, parecido a las explosiones que surgen cuando el mar se deshace del hielo, de los 30 centímetros forzados encima de él, los bloques de hielo se juntan, corren, vienen hacía la orilla y allí se quedan, amontonándose, formando montes pequeños, hasta que el sol calienta todo y el nivel del mar sube un rato, por todo el hielo que ahora forma parte de ella, que le alimenta después tantos meses de coma.

Nos iremos a África, mi amor, a entregar esa carta a Mohammed en Rue el Kadi, el señor que fabrica sombreros, que fuma marihuana, que conversa con viajeros y mochileros y sueña con Granada, el imperio mozárabe y patios de naranjas en el gran Andaluz.

Le escribiremos de la nieve, adjuntamos la leyenda de la última fortaleza de su mundo en el otro continente, que una vez fue suyo y ahora es imperio de las turistas. Le entregaré la carta que un viajero quiso que el tenga, un agradecemiento por una conversación transcendental, una fotografía de 2005 y una prueba de que más allá de las montañas hay los recuerdos de su pasado, de su nación orgullosa, y un mundo blanco, que el sabe que jamás verá por que a él le tocó coser sombreros y hablar con viajeros en una casita azul con una puerta muy pequeña pero siempre abierta.

1 Improvised Oranges:

David C. said...

mucho frío debe hacer por allá. Saludos desde Perú.